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Bestia Bebé: del amor al “Gracias por nada”

La banda perteneciente a Discos Laptra lanzó su cuarto álbum de estudio con producción de Felipe Quintans y grabado en Resto del Mundo.


El barrio a flor de piel. Situaciones entre amigues, con birras y festejos imprevistos de por medio. Cumpleaños que se olvidan, canciones tristes, baterías con golpes secos y potentes y un sonido más compacto. Así se podría seguir con una lista interminable de momentos por los que pasa Gracias por nada el nuevo y cuarto álbum de Bestia Bebé. Editado bajo el sello discográfico Laptra, el disco revive y reafirma su posición dentro de la escena del indie rock argentino.

La banda de Boedo conserva a lo largo de sus discos un ADN indiscutible y propio del sonido que traen desde su primer trabajo discográfico. Pero a la vez, cada álbum tiene una particularidad reconocible y si escuchamos una determinada canción sabemos de dónde proviene. “Omar” representa sin dudas los tintes sonoros que exploran en Bestia Bebé (2013), así como lo hace “Antártida argentina” en Jungla de Metal 2 (2015) y “Otro villano más” en Las pruebas destructivas (2017).

Desde febrero de este año, el grupo liderado por Tom Quintans viene lanzando singles que funcionaron como pantallazo y adelanto a lo que hoy puede escucharse en Gracias por nada: “Un documental sobre mí”, “¿Qué clase de ciudad es esta?, “El descontrol” y “Música de suspenso”. Cada uno navegó por una identidad distinta, y eso es lo que sucede en las once canciones de este nuevo lanzamiento.

Tanto los videoclips como el arte de tapa de los sencillos y el disco (diseñadas por Tom) muestran a una pareja felizmente enamorada paseando por la Ciudad de Buenos Aires. La ubicación de la foto del álbum (tomada por Ezequiel Goenaga) es en la Costanera Norte frente a un castillo belga perteneciente al Club de Pescadores. El título Gracias por nada parece contrarrestar ese estado de “cursilería” que transmite el retrato.

“La chispa” es el track que abre el disco y que habla de una “chispa que no se apagó” rodeado de un sonido no tan característico para Bestia. Por eso, sorprende en una primera escucha y tienta a seguir descubriendo qué se traen debajo del brazo. Así llega “Un documental sobre mí”, uno de los puntos más altos del álbum con una guitarra eléctrica al frente y con el estilo de los clásicos de la banda.

Esa euforia sigue con “El podio del TC”, también uno de los temas en el que más prevalece la potencia de la bata y los coros populares que incitan a agitarla. Toda esa energía se desvanece inmediatamente con “¿Qué clase de ciudad es esta?”, una canción que a la perfección de su letra y melodía le suma las voces de Santiago Motorizado (El Mató a un Policía Motorizado) y Morita Sánchez Viamonte (107 Faunos) en los coros, para hacerla aún más eclipsante. 

“Esta es la canción más triste que escribí / no te preocupes / no es para vos”, reconoce Tom en “El descontrol”, otra de las canciones que funcionaron como adelanto para mostrar las innovaciones y nuevos arreglos, mientras habla de un ídolo que nos va a salvar. En plan de sorprender con sonidos inéditos, en “El fin del mundo (otra vez)” dan lugar a sintetizadores con tintes psicodélicos. Como si estuviéramos escuchando indie mendocino al estilo de Mi Amigo Invencible, “Eucalipto” trae nuevamente la calma y es la canción en la que María Zamtlejfer (Tigre Ulli) aportó su voz. 

Una de los temas que más representa a las situaciones de barrio es “Una docena de maleducados”, que ya lo dice todo con su título. Es otra de las más potentes, y de las más clásicas del repertorio de Bestia Bebé. Antes del cierre, aparecen nuevamente dos tracks melancólicos: “Tu explosión” y “Música de suspenso”. Este último incrementa su energía en el estribillo y muestra un lado más experimental del grupo.

La sinceridad de “Me olvidé de tu cumpleaños” cierra celebrando su lado más sencillo y característico de Bestia. Predominan las letras cotidianas que navegan entre la tristeza, la melancolía, nostalgia y el clima de sostén entre amigos. Gracias por nada explora así nuevos rumbos sin alejarse de la química que los identifica.

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