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Defensa le pone soundtrack a la vida nocturna moderna en “7 canciones antes de que nos corten la luz”

Entre electrónica deconstruida, perreo duro y pop hiperactivo, Furio y Garoto le ponen música a las escenas de la vida joven contemporánea.


Los temas que conforman 7 canciones antes de que nos corten la luz, el nuevo disco del dúo alt-pop Defensa, hablan de engancharse y el consecuente desamor, además de la gira y el bajón post-salida. También narran el subidón de la fiesta -obligatoriamente devenido en reflexión y duda a la mañana siguiente- y de cómo pasás de sentirte en la cima un día a creerte sin rescate al próximo.

El imaginario de Federico “Furio” y Juan “Garoto” no es necesariamente rupturista: son las escenas de la vida centennial-millennial – inquietas, confusas, e híper mediatizadas, constantemente navegando entre la indefinición del potencial sin límites y la apatía de que nada cambia. Pero este es el asunto: pocos artistas saben capturar ese caos -y su belleza mutante- como ellos. El resultado es arrebatador y necesario en iguales medidas.

Si Vs (2018) ayudó a poner a la power dupla en el mapa, ganándole el sello de aprobación de la crítica y su propio nicho en la movida, las once canciones del nuevo álbum -el título no es verídico- son ese próximo paso que los confirma como una voz singular y distinta en la escena. Una de las grandes claves de este logro es el poder narrativo de la obra, que cobra fuerza con cada paso y vuelta de tuerca. Con agilidad y gracia, la música de los Defensa cambia de estilos y moods con inusitada naturalidad; como si fuera esa playlist que siempre quisiste curar y no te sale. Pero lo suyo también funciona, en un plano más explícito, como banda sonora al imaginario sentimental de una generación nacida entre el internet y la referencia cultural. Es el perreo, el glamour y el éxtasis – y también su contraparte más dark y decadente.

“Die 2Nite” da el puntapié inicial a la placa entre un loop melódico de piano, un beat para pista y el suave crooneo estilo boy band de los dos músicos. Los detalles se van sumando -una guitarra por acá; otra percusión por allá- y las voces se entremezclan, pasando del inglés autotuneado al español sin previo aviso. “No le hagas caso a lo que te digan / no tenés que olvidar tus fantasías / agarrate que agarro velocidad”, lanzan confiados, marcando intenciones. Es una introducción apropiada. Es pop, es ganchero, y es directo – pero también inclasificable y desorientador. Lo suyo, ¿es irónico o sincero? ¿Es serio o lúdico? ¿Es crítica social o un abrazo afectuoso a la cultura que los crió? La respuesta, como en el pop deconstruido de la inglesa Charli XCX -una de sus referentes-, es un poco de esto y aquello a la vez. El camp transmutado en arte y viceversa; un entramado de referencias dispares en un constante y glorioso conflicto.

Ese ansia de la cita musical ecléctica y omnívora, tan propia de una generación crecida entre la sobrecarga de información y el collage permanente de internet y sus redes -donde un reel puede pasar del pop marca top 40 al avant-garde en solo segundos-, alimenta los momentos más volados del disco. Tal es el caso de “Chacarera (Qué)?”, la cual monta una guitarra de aires folclóricos sobre un beat de trap, mientras los artistas apelan al motivo recurrente del popstar sensible e incomprendido que perdió el rumbo entre sus propios mambos: “Querías vivir esa vida / Querías ser parte de la mía / No lo estás pensando muy bien”, advierten. Pero el mejor ejemplo es quizás “Calor”, en la cual Defensa actualizan el inolvidable estribillo de “Auto Rojo” de Vilma Palma e Vampiros para mezclarlo con producción dance moderna en un cuento de erotismo y deseo desaforado. Es retro, pero a la vez contemporáneo: un guiño a la historia del pop a la vez que una reapropiación bajo sus propios términos.

“Fiebre” abraza en simultáneo al house de boliche y al reggaetón en un cuento psicodélico de excesos, confusión y vacío existencial en la pista, en el cual Clara Cava suma una nueva voz a las viñetas nocturnas de Defensa. Es la primera de varios invitados: “Relajo”, por su parte, enlista a la española María Sioke para un dembow futurista, a medio camino entre el pop grandilocuente de Britney Spears y el perreo puro y duro. Contrario a lo que uno esperaría, el verdadero relajo viene en “Rutini & Soda”, balada que para la marcha tras la seguidilla de temas pensados para el baile y la transpiración. La revelación pop Faraonika hace acto de presencia en la canción, la cual muta de beats y texturas con sutilidad.

Secuenciados con inteligencia, los últimos tracks de 7 canciones otorgan el respiro necesario tras la adrenalina y el éxtasis pasajero de la salida y la conquista. El dúo se pone reflexivo en “Ojalá”, una oda a esa relación que nunca se pudo dar: “Sé que en el fondo no estoy enamorado / Pero aunque sea un verano me hubiera alcanzado”, se lamentan con amargura. La producción -un corte ejemplar de hyperpop fracturado a lo PC Music– es cortesía de Evar, el beatmaker estrella responsable de algunos de los mejores instrumentales de Dillom y Saramalacara, entre otros. La bajada de cambio se extiende finalmente en “Buen día, bendiciones”, una coda en clave ambient que nos despide entre cantos de pájaro y un piano melancólico; la metáfora auditiva perfecta al ver entrar el sol por la cortina de tu pieza luego de la gira. Es el final perfecto para el viaje al fin de la noche de Defensa: euforia, reposo y comenzar de vuelta.

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