historia de lo oculto reseña

“Historia de lo oculto”: Un thriller nacional directo a la pantalla de Netflix

En una Buenos Aires en blanco y negro, un grupo de periodistas busca desvelar la terrible conexión entre el presidente de la nación con una secta que anuncia el fin de ¿nuestro mundo?


Corre cierta noche de 1987 en la ciudad de Buenos Aires de una Argentina similar pero extraña de aquella que reconocemos como parte de nuestro pasado. Un vigilante de puerto se sorprende con el cuerpo de un hombre sin identificar tendido en un piso trazado con simbología ocultista. El shock no duraría mucho debido a que ve a un sujeto de negro en las cercanías del crimen. El vigilante no duda y lo detiene a punta de pistola, pero el sospechoso desaparece dejando en el suelo una libreta sospechosa que conecta a Velasco, el presidente de la nación, una empresa multimillonaria, y una secta que recientemente tuvo un crecimiento de fieles bastante inusual.

De esta forma comienza Historias de lo oculto, película argenta estrenada el año pasado y, recientemente, dispuesta en la comodidad de nuestros dispositivos de la mano de Netflix. Este thriller es el primer largometraje de Cristian Ponce, quien previamente ha trabajado con la plataforma de streaming con la serie animada La frecuencia Kirlian. Ambas piezas visuales comparten un novedoso tono de misterio y terror que parece encontrar asidero en tierras argentinas.

En el devenir de la película, presenciamos la última emisión de “60 minutos antes de la medianoche”, noticiero que busca evidenciar la corrupción de la presidencia a través de la libreta que encontró el guardia ya mencionado. Ante la persecución y la censura del programa, en paralelo, conoceremos al grupo de periodistas que producen el noticioso muy lejos del plató televisivo. Ocultos en un domicilio aparentemente normal, investigan las misteriosas pistas aportadas por su único auspiciante, Farmacéutica Von Merkens, con el fin de lograr la oscura confesión del principal invitado de este último programa, el exempresario y autoproclamado brujo Adrián Marcato (Germán Baudino). Las pistas mencionadas incluyen la ingesta de un misterioso alucinógeno que produce en nuestros productores un trip bastante confuso y perturbador.

La apuesta de recrear este singular pasado de nuestro país está llevado magistralmente. La representación de los medios de comunicación con las gráficas salidas del Banner Manía de las viejas IBM, sumado a la excelente caracterización de Héctor Ostrofsky como el conductor del noticiero, nos transporta como espectadores a la ilusión de estar presenciando una grabación en VHS del siglo pasado. La sobriedad de su voz, el uso de una formalidad tan extraña a los códigos actuales, lo sobrio y firme de su porte, hacen que la posterior irrupción de lo sobrenatural descoloque aún más reduplicando así su efecto.

Por otra parte, la acción que transcurre en la casa de los periodistas, fuera del ojo de la cámara televisiva, reboza de un clima terrorífico que va creciendo hasta llegar al clímax final. Las actuaciones de Nadia Lozano, Iván Ezquerré, Casper Uncal y Agustín Recondo son suficientes para comprometernos con el derrotero terrorífico que atraviesan sus personajes. Las tensiones y el miedo ante la amenaza estatal como sobrenatural, están correctamente retratados. Y esta unión de lo diabólico con la censura es una de las mejores ideas de la película. Entre teléfonos interferidos y persecuciones vemos reflejado lo más “demoníaco” de las prácticas políticas.

Hablando de la dirección, la película opta por el uso del blanco y negro en casi la totalidad del film siendo esta decisión interrumpida por el color en puntos cruciales de la trama. La inserción repentina de tonalidades rojas en este espectro monocromático recuerda vagamente a la expresión colorista del terror de Darío Argento en películas como en Suspiria (1977). Con la diferencia de que en Historias de lo oculto la importancia de este recurso en relación a la trama es crucial para entender a fondo cuál es la Argentina que estamos viendo representada ante nosotros. Otra pista que infunde sospechas es el uso intercalado de la resolución 4:3 (propia de los televisores de la época) y 16:9 (estándar actual) ¿A qué viene tanto cambio? Éstos son sutiles y no afectan de ninguna manera a la experiencia del film, sin embargo, aportan al misterio predominante de la película y la naturaleza del mundo en el cual se despliegan los personajes.

Detalles como estos dan cuenta de un uso exhaustivo de un presupuesto limitado pero suficiente para izar la bandera de un cine que esperemos que se cuele con mayor presencia en servicios mainstream como Netflix. El cine de género fuera de las grandes potencias del séptimo arte sufre y han sufrido dificultades a la hora de tomar riesgos. Y sin llegar a ser superlativa, Historia de lo oculto arriesga y arrasa por los festivales en donde se proyecta por su apuesta inusual. Una historia de suspenso repleta de una multitud de lecturas y, sobre todo preguntas cuyas respuestas no son visibles en varias oportunidades, pero en ese gesto entra un rol activo que como espectadores nunca debemos perder.

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