María Codino encontró “Ese fragmento velado” en su habitación

Cinco tracks componen este EP íntimo que extiende la tríada de singles publicados por la multiinstrumentista.


“Bedroom pop” (“pop de habitación”) es un término moderno que describe un sonido íntimo y auténtico amparado en la estética lo-fi, pero sin ahondar en disonancias o ruido. El nombre hace referencia a la gran cantidad de músicos que, gracias a la evolución tecnológica, pudieron grabar sus canciones en sus casas sin necesidad de ir a un estudio clásico con el gasto que eso conlleva.

Ese fragmento velado es el primer EP solista de María Codino (ex De Incendios) y es difícil calificarlo como bedroom pop ya que, si bien las maquetas seguramente encajarían en este género y hasta fue grabado en su propia casa, la producción y el diseño sonoro que logró (gracias a Estanislao López, quien ofició de técnico de grabación e ingeniero de mezcla) lo aleja de trabajos como puede ser el desnudo debut de Luca Bocci, Ahora (2017)

María ya había presentado tres sencillos: el indie clásico “Las flores violentas“, el uptempo “Loop en mí” y el testimonial “No te olvides de mí”. Pero con las últimas dos canciones de Ese fragmento velado, “¿Quién sos?” y “Y ese fragmento velado o fuera de foco (siempre soy yo)”, se completa el dibujo sonoro que Codino quiso hacer de ella misma, haciendo composiciones tan transparentes como sus propios retratos en fotos, según cuenta en su Instagram.

Luego de “No te olvides de mí”, la balada rítmica, aparece “¿Quién sos?”, la canción más ruidosa. Varios sonidos de percusión y sintetizadores se presentan a lo largo del track y le dan un tono más virtual y robótico. El estribillo invita a la reflexión: Y vos, ¿quién sos? / Para vos, ¿quién sos?

El tema que le da nombre al EP también lo cierra. Con un riff de teclado como estandarte que se mueve entre la dulzura y la nostalgia, poco a poco se van sumando los instrumentos hasta dar el groove perfecto. Una guitarra distorsionada a lo Niño Elefante da un eléctrico solo y desemboca en el final, que clama por una epicidad melancólica abortada que podría ser alcanzada por una línea vocal una octava más arriba (cualidad laptrosa nuevamente), aunque esta falta de grandilocuencia no termina dañando a la que es una de las mejores canciones del año.

Podés escuchar Ese fragmento velado en Spotify haciendo click acá:

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Deslizar arriba

Hola! Si querés utilizar esta imagen, escribinos!