mi amigo invencible isla de oro

Mi Amigo Invencible evoluciona su sonido con su álbum más centrado hasta la fecha

Directo y sin grandes rodeos, Isla de oro agrega nuevos matices a la fórmula del grupo pero sin perder de foco sus fortalezas.


Aunque pareciera tan solo ayer que los Mi Amigo Invencible entraban en la escena y discos como La nostalgia soundsystem (2013) nos volaban la cabeza por primera vez, el grupo lleva hoy ya sus buenos quince años en el ruedo. Con Isla de oro, su octavo (!) y más reciente álbum, el proyecto nacido en Mendoza se enfrenta al desafío de ser una banda madura. ¿Es hora de jugársela por una reinvención total? ¿O mejor apelar a las bases y lo conocido? Su respuesta es su placa más concisa hasta la fecha, arribando a un dulce punto intermedio en el que la experiencia les permite jugar con nuevos elementos a la par de retomar sus fortalezas.

Desde el vamos, la portada minimalista y la duración del trabajo –unas ocho canciones que cierran a la media hora– dan cuenta de un disco centrado y directo. El universo sonoro se acerca más al de Dutsiland (2019) –su anterior placa y el primer gran punto de quiebre estilístico de su discografía– que al de álbumes más extensos y expansivos como lo son los de la llamada “trilogía de la nostalgia” (formada por el citado La nostalgia, además de Relatos de un incendio, del 2011 y La danza de los principiantes, del 2015). 

En efecto, la producción refinada y pulida –a cargo del uruguayo Martín Buscaglia– nos remonta al sonido más relajado y preciso de su antecesor, en el cual todo calzaba cual perfecto rompecabezas, sin que sobrara una sola pieza. Un tema como “Olímpica”, en el cual el propio Martín también presta su voz, incluso no desentonaría en el Mi Amigo Invencible modelo 2019: la atmósfera ensoñadora del track, frágil y sedada, tiene puntos de contacto con el tono generalmente suave del disco de aquel año. Por su parte, “Impecable” avanza montada sobre teclados entrecortados, relegando la guitarra a un segundo plano – una decisión que el grupo comenzó a explorar en algunos cortes de Dutsiland.

isla de oro tapa

“Un par de árboles” emplea sintetizadores luminosos a gran efecto, los cuales adornan un track ligeramente bailable; de una impronta canchera y pegadiza que lo convierte en uno de los más frescos de la placa. En cambio, “La araña” apela al costado cancionero del grupo en un corte pop-rock más clásico con ciertas reminiscencias vintage, incluida una sutil traspolación del clásico “Viento, dile a la lluvia” de Litto Nebbia. Con naturalidad y sin que se genere un efecto de choque, MAI juega a la par con sonidos contemporáneos y otros más tradicionales, los cuales saben adaptarse con soltura al prisma de su estilo propio.

Aunque el grupo explora en gran medida estas coordenadas con un acercamiento distendido, el sexteto infunde a las composiciones una renovada chispa que lo diferencia de algunos de sus previos cortes más melancólicos. “Nos debíamos un disco luminoso”, confiesa Mariano di Césare, cantante y compositor principal de la agrupación en un comunicado de prensa. En ese sentido, a pesar de los ocasionales momentos más afligidos del álbum –como “Mapa”, a dúo con Diosque, en la cual el narrador pide “un tiempo” y un mapa para volver a casa– Mi Amigo Invencible tomó la decisión general de dejar afuera temas “más oscuros” que podrían haber sido “uno de los lados de un disco doble”, según di Césare.

Ese contexto optimista y de marcado sentir post-pandémico –un renovado deseo de mirar adelante y dejar atrás el encierro, físico pero también mental– encuentra su cumbre en la jovial “Manto negro”, la cual cuenta con feats de Paul Higgs y Francisca y los Exploradores. Sobre un instrumental de impronta festiva –con palmas, estribillo con gancho y tarareos alegres– los artistas pintan escenas de una mañana de resaca en la que las cosas no terminan tan mal: “Sé de dónde venís / Quiero ser parte en tu locura / Y me gustas mucho”, canta di Césare hacia el final del tema. 

Isla de oro es una nueva prueba de la constante evolución del sonido del grupo, siempre fresco pero a la vez familiar y seguro; con nuevos matices pero el mismo espíritu de su propia marca. La banda describió al álbum como un disco que no es “apurado”, sin vueltas ni conceptos grandes – por el contrario, la obra gana con su fuerza de cohesión; el trabajo de un grupo de amigos que conocen sus ambiciones artísticas y cómo alcanzarlas. “No hay mucho que entender ni que explicar, es lo que es, y sinceramente es nuestro nuevo disco favorito”, reza un comunicado. El nuestro, también.

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